7 de abril de 2010

El día que Jim Clark nos dijo adiós

Como había dicho en el Twitter voy a tratar de escribir semanalmente sobre historia, porque cada vez que leo sobre el pasado le tomo mayor gusto por varias razones. En realidad aquellos pilotos eran diferentes, ponían en riesgo sus vidas y a muchos les costó, como fue con el escocés Jim Clark.

Era el 7 de abril de 1968 y Jim Clark participaba en la primera fecha de la Fórmula 2 Europea - si la categoría previa de la Fórmula 1, porque en aquella época los pilotos hacían doble o triple campaña simultánea –, prueba que se realizaba en el trazado alemán de Hockenheim. ¡Ojo! no la versión actual, sino la antigua, la de verdad, de 6.768 metros con dos largas rectas que asustarían a cualquiera de los pilotos actuales.

Clark - que estaba iniciando su novena temporada en la Fórmula 1 – venía de ganar en la carrera de apertura de dicho año en el circuito de Kyalami en Sudáfrica, carrera realizada el primero de enero. En aquella ocasión el escocés se llevó la pole y la vuelta rápida en carrera sobre el Lotus 49 propulsado por un motor Ford V8. Con esta victoria el escocés superaba al argentino Juan Manuel Fangio como el máximo ganador en la historia de la Fórmula 1.

Las versiones que causaron el accidente en aquella quinta vuelta de la manga inicial se desconocen, pero son muchas. En diferentes notas se señala que fue una falla en un neumático trasero, en otros medios que un ave impactó su casco para perder el control y estrellarse contra el bosque. La tercera es que se atravesó un espectador que salió corriendo del bosque, para esquivarlo terminó en los árboles.

Algo que nadie recuerda o a pocos les interesa es que ambas mangas de aquel II Deutschland Trophäe de Fórmula 2 serían ganadas por el francés Jean-Pierre Beltoise (Matra Sports), quien sería el campeón aquel año.

72 Grandes Premios en la Fórmula 1 acumuló 25 victorias con 33 pole positions, el título en 1963 y 1965. Sin olvidar que en 1962 perdió el campeonato cuando quedaban apenas dos vueltas y en 1964 se le escapó en el último giro.

En 1965 ganó las 500 Millas de Indianápolis con aquel Lotus 38 con motor trasero, siendo una innovación en su momento y hasta la actualidad todos los autos tipo fórmula tienen su máquina en la parte trasera.

En 1960 finalizó tercero en las 24 Horas de Le Mans a los mandos de un Aston Martin DBR1, pero quedará un detalle: ganar en Mónaco. Su mejor actuación en el Principado fue un cuarto lugar en 1964.

Otra anécdota fue en Monza 1967. Al escocés se le pinchó un caucho, perdió una vuelta, paró, cambió la goma y regresó a la pista para recuperar la vuelta, y después tomar la punta y quedarse sin gasolina en la vuelta final. Pese a eso, terminó tercero en la carrera.

Definitivamente todo lo que tenía cuatro ruedas y un motor podía ser manejado por Jim Clark, más bien, podía ser un auto ganador por que era un piloto de esos diferentes, con un talento que se disfruta y que debido a su trágica desaparición se incrementó el legado histórico de quien era considerado el mejor piloto de su generación y uno de los mejores de la historia.